domingo, 14 de septiembre de 2025

Puente de vida en el diluvio

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
Le contaba al querubín que, en las tardes de tormenta, el río de mi infancia se desbordaba, reclamando lo que era suyo. El agua turbia y bravía invadía la orilla y la huerta de mis padres, antes verde y apacible, se transformaba en un paisaje invernal. Recuerdo ver a las ratas y otros roedores, desesperados por la crecida, huir trepando por los troncos de los chopos. Sus cuerpos diminutos se aferraban a la corteza húmeda, buscando refugio en las ramas altas.

Para el niño era un espectáculo precario y, a la vez, fascinante. Las ramas, ya de por sí inclinadas por la fuerza del viento, se balanceaban bajo el peso de los animales que, con una agilidad sorprendente y aprovechando esos puentes de vida, saltaban de un árbol a otro. Un movimiento en falso significaba el final. A pesar de todo, lograban su objetivo, formando una procesión que se extendía de chopo en chopo, hasta desaparecer de mi vista, engullidos por el hostil panorama.