martes, 16 de septiembre de 2025

Ley, Pueblo y Bienestar

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
En el marco de la asignatura Administración y Legislación Ambiental, del Grado en Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga (UMA), y bajo el método docencia participativa (M. Velasco, 2006)[1], que llevo practicando desde que ejerzo de profesor sustituto interino en la UMA (M. Velasco, 2024)[2], la tarde la pasé trabajando el término “Estado”, institución de gran importancia en nuestras vidas, que a menudo da forma a cómo vivimos y nos relacionamos. Para entenderlo mejor, podemos decir que el Estado es una organización con un poder político superior a cualquier otro, que se asienta sobre un territorio específico y ejerce su autoridad sobre todas las personas que viven en él. Aunque la idea de una comunidad organizada es muy antigua, la forma de Estado que conocemos hoy es relativamente moderna, surgiendo en Europa alrededor del siglo XV. En aquel entonces, los reyes empezaron a unificar pequeños territorios que antes estaban en manos de señores feudales, imponiendo su dominio y marcando el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. Pero para que exista un Estado, se necesitan tres elementos fundamentales. Primero, un poder soberano, que es la capacidad del Estado para imponerse de manera legítima sobre cualquier otro poder. Esto significa que cada Estado es independiente de los demás y sus decisiones deben ser respetadas. Segundo, un territorio bien delimitado por fronteras, ya sean terrestres, marítimas o aéreas. Este territorio es el espacio donde el Estado ejerce su poder. Y tercero, una comunidad política, que es el conjunto de personas (el Pueblo o la Nación) sobre las que el Estado ejerce su poder. 

Esta comunidad comparte una serie de rasgos de identidad, como una lengua, una cultura, tradiciones y un pasado común. La concepción del Estado ha cambiado mucho a lo largo de la historia. En sus orígenes, el poder se concentraba en la figura del Rey, que gobernaba de manera absoluta sobre sus súbditos, sin reconocerles derechos. Se trataba de un Estado absolutista, cuyo objetivo principal era satisfacer los deseos e intereses del monarca. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, con revoluciones como la francesa y la americana, los Estados comenzaron a transformarse hacia un modelo democrático. Hoy en día, especialmente en los países occidentales, el Estado se concibe como un Estado Social y Democrático de Derecho. Este concepto es tan crucial que, por ejemplo, en España, aparece recogido en el primer artículo de su Constitución. Ahora bien ¿Qué significa que un Estado es un Estado de Derecho? Representa que las normas, el derecho, gobiernan los comportamientos de todos, incluyendo a los propios gobernantes y a las administraciones públicas. Es lo que se llama "el imperio de la ley": todos, sin excepción, estamos obligados a cumplir las normas. Esto es muy importante porque dota a la ciudadanía de herramientas legales para defenderse del propio Estado si este no respeta sus derechos. Así, el derecho no solo sirve para resolver conflictos entre personas, sino también entre las personas y los poderes públicos. Además de ser un Estado de Derecho, es también democrático. La palabra "democracia" viene del griego "demos" (pueblo) y "cratos" (poder). Por tanto, un Estado democrático significa que el poder reside en el pueblo. 

El Estado actúa en nombre del pueblo y su verdadera finalidad es servir a los intereses generales, al bienestar de la ciudadanía y no a los intereses de un rey o de un dictador. El poder del Estado democrático es un poder para el pueblo, al servicio de la gente. Este Estado de Derecho democrático es también social, adjetivo que añade un compromiso: conseguir que la libertad y la igualdad de las personas sean reales y efectivas, para que cada individuo pueda desarrollar plenamente su personalidad; porque de poco sirve hablar de libertad si las necesidades básicas no están cubiertas. El Estado social se compromete a garantizar un "estado de bienestar" donde se cubran las necesidades esenciales y toda la ciudadanía disfrute de una vida digna, lo que implica luchar contra las desigualdades, promover derechos como la educación, una vivienda digna, el trabajo, la salud y la asistencia sanitaria e, incluso, asegurar un ingreso mínimo vital. Significa que los poderes públicos tienen la misión de intervenir en la vida social y económica para eliminar esas desigualdades[3]. En la actualidad, incluso se ha empezado a hablar de la necesidad de un "Estado de Derecho Ambiental" que incorpore la sostenibilidad y el reconocimiento de derechos a la naturaleza, entendiendo que sin un medio ambiente sano, los derechos humanos no pueden ser plenamente garantizados. Concluyendo, el Estado moderno es una compleja institución que ha evolucionado desde el absolutismo para convertirse en un garante de la legalidad, un reflejo de la voluntad popular y un motor de la justicia social, buscando el bienestar y el desarrollo pleno de todas las personas.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2006). Docencia participativa. Sitio Educación, Formación y Empleo. Visitado el 16/09/2025.
[2] Velasco-Carretero, Manuel (2024). Modelo Pedagógico Centrado en el alumnado. Sitio Educación, Formación y Empleo. Visitado el 16/09/2025.
[3] A diferencia de los Estados liberales del siglo XIX que creían que el mercado por sí solo lo arreglaría todo.