sábado, 14 de julio de 2018

¿Qué cuesta referenciar la fuente?

Ayer detecté en el gestor de este sitio, herramienta facilitada por blogger, que entre las fuentes de tráfico se encontraba la web plagscan.com, que ofrece el servicio de comprobación de plagio online. Conocía las herramientas de detección de plagio que utilizan las universidades, ya que he tenido que realizar algún que otro Trabajo Fin de Grado (TFG) o Trabajo Fin de Máster (TFM) y los directores y tutores en su momento me advirtieron que las redacciones serían pasadas por ese necesario filtrado. Consulté a un compañero, experto jurídico en estas lides, por qué este sitio había sido visitado por plagscan, comentándome que son fechas en las que el alumnado de Grado, Máster y, en menor medida, Doctorado, presenta su trabajo para obtener el Visto Bueno final del director o tutor y, por derivación, las instituciones educativas que se precien, someten estas investigaciones al preceptivo tamizado para detectar el presunto plagio y, claro, son ya unos años los que llevo editando y no le extraña al letrado amigo que algún individuo haya copiado más de un párrafo o texto sin tan siquiera referenciar. En cuanto a mis usos y costumbres en la edición, si eres follower de los textos que edito, conoces de sobra mi escrupuloso referenciar de opiniones de terceros o doctrina sobre tal o cual tema tratado, bien sea la cita a pie de texto, el linkeo a la fuente en la fecha de edición del texto o al origen o primigenio, ya sea correspondiente a imágenes, notas de prensa, comunicados oficiales u ordenamiento jurídico específico. No obstante, si en algún momento detectas un presumible desajuste o imprecisión, no dudes en trasladármelo para, si procede, subsanarlo ipso facto, ya que "al César (autor) lo que es del César".

Asimismo, por textos como “De vuelta al PPF”, “Poco honorable”, “El comienzo del camino”, “Cambio de paradigma”… sabes mi cruzada contra ese “copia y pega” porque sí (o por la cara), sin ni siquiera referenciar la fuente o procedencia. En el lejano (año 2003) y explícito “Copia y pega”, apuntaba incluso este insano hábito en el ámbito profesional o empresarial. En “Traje a medida en Compliance”, reflexionaba sobre los copia y pega en los programas de cumplimiento normativo en mi país y que de la idea inicial de “un traje a medida” a cada empresa, en materia de prevención de riesgos, se ha pasado a una total prostitución del concepto por parte de advenedizos y temporeros, que utilizando para sus intereses el inadecuadamente denominado low cost compliance, intentan hacer negocio importándole tres pepinos la inutilidad de lo que ofrecen. En cuanto a esto de escribir en bitácoras virtuales, en el texto “Claves para un bloguero” recogía las diez claves de David de Jorge, editor de Robin Food, para ser un buen bloguero. El primer consejo era escribir con pasión; el segundo era “huir del copia y pega”. 

Pero la cuestión va más allá del simple copia y pega. En “Ladrones de Networking” denunciaba el feo uso en Internet, por parte de determinados individuos o perfiles virtuales, de apropiación de ideas ajenas. Al abrigo de la práctica de networking y otras censurables estrategias de refuerzo de la marca personal, estos personajes, que se creen los fundadores de las redes sociales, por haber platicado en dos comunidades virtuales, despliegan una conducta premeditada y en ocasiones al abrigo del también cuestionable cliché de influencer, encaminada a atribuirse los pensamientos, las sugestiones empresariales o cualquier tipo de ingenio engendrado por terceras decentes personas, para luego exponerlas a bombo y platillo en foros, blogs, prensa, conferencias, seminarios, cursos y otros escenarios virtuales y reales, como si fueran propias. ¿Qué cuesta referenciar una foto, una idea, una noticia, un pensamiento? Para algunos, mucho. Félix Socorro publicaba en noviembre de 2004, en sappiens.com, “El Síndrome de Anát: Ganar prestigio con ideas ajenas”, Terminaba Félix su texto con la siguiente reflexión: “Se puede decir que la conducta orientada a ganar prestigio con ideas ajenas, en cualquier cargo o nivel de conocimiento que se presente, es una enfermedad organizacional que debe ser identificada, combatida y erradicada en cualquier área o empresa donde se encuentre” (Fuente de la imagen: pixabay).