viernes, 21 de julio de 2017

En recuerdo del Bólido

No me suena que te haya contado que mi primer automóvil fue in Fiat Uno. No es que me gustara más o menos. La causa de la adquisición no fue otra que la confianza que la financiera de Fiat depositó en aquel imberbe, sin garantías o aval de ningún tipo, que necesitaba un coche a toda costa para incorporarse a su nuevo trabajo. Era un cuatro latas, pero no sólo me llevó varias veces a Madrid, Sevilla o Huelva, sino también a sitios tan escabrosos como el pico del Mulhacén en Granada (te acuerdas, Paco), o la Cueva del Gato en la Serranía de Ronda, por no hablar de los cabezazos de Joaquín en el techo por las carreteras de Alhaurín. Buenos momentos los que pasé. El “bólido” le llamaba, aunque rara vez pasó de los cien por hora. Al final, camino de la visita a Olvera (Cádiz, España), el motor empezó a flaquear, pero aún así aguantó un tiempo más.

De todo lo anterior me acordé ayer, de vuelta de la Ciudad Soñada, por la ruta de El Burgo (El Burgo, Yunquera…), mientras disfrutaba de la conducción de un Fiat 500 Vintage ´57 (en el encabezado te dejo una foto del salpicadero, realizada por rvs). Buen motor para ciudad, si bien un poco escaso en autovía si quieres ir a más de 110 km por hora. Un tanto vago en los adelantamientos en carreteras comarcales. Sin embargo, lo he notado muy agarrado al asfalto, cosa que no puedo decir del recordado “bólido”. El caso es que me ha dado seguridad en la sinuosa carretera de Ronda a El Burgo y luego a Yunquera, asiéndose al pavimento y, a la vez, deslizándose por él como si de un experimentado patinador se tratara. En cuanto al acabado interior y al equipamiento, bastante decente. Como leyenda final, comentarte que no sé si es casualidad o no, pero en el trayecto de ida y de vuelta me crucé con dieciséis Fiat 500.

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Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel