lunes, 24 de octubre de 2016

¿Destrucción como regeneración?

Si eres follower de este sitio, conocerás mi relación amor-odio, en el ámbito de las ideas empresariales, con Tom Peters. La última vez que lo critiqué fue no hace mucho, en el texto “Prácticas para acercarme a la excelencia”, donde te enumeraba una serie de hábitos para tener la oportunidad de transitar por el camino de la excelencia. Pues bien, ayer terminé de re-hojear el libro Re-imagine![1] en el que dibuja un genérico marco de corrientes de pensamiento metodológico empresarial, para el futuro, que en su momento el autor pensaba que se avecinaba, pronosticando un diferente esquema organizativo de las instituciones así como una re-enunciación del thinking business.

Sin embargo, en mi opinión, Peters volvía a caer en los (sus) enfoques organizativos a los que nos tiene acostumbrados: liderazgo, relaciones comerciales, tecnología, creación de valor, educación… si bien empezaba a reconocer que esa forma habitual (para él) de organización, basada en la continua actualización de las sistemáticas precedentes, estaba haciendo aguas ante planteamientos que promueven prescindir de una vez por todas de esas disposiciones organizativas ancestrales y que tanto gustan (o gustaban) a Tom.

Como intuyo la capacidad que tiene el autor de mantenerse en el candelero, no me sorprendió que a principios de este siglo, aunque tímidamente en los prolegómenos de su remasterizado texto, apostara por la realidad que ya le estaba superando: el capital intelectual y aquellas empresas que programaban protocolos de autodestrucción o reciclaje en todas sus unidades de negocios, sin asustarles el caos, sino conviviendo con él, a lo "síndrome de Estocolmo", en el sentido de desarrollar una relación de complicidad, afectividad con esa anarquía de los mercados y de la propia sociedad. 

Reconoce Peters que ese camino que plantea es inseguro y aventurado, pero siguiendo esa ley natural un tanto tétrica, que dice que "donde no se desluce, no surge nada nuevo", recomienda no tener miedo, porque, según él, son los desengaños, desilusiones y fiascos el combustible para que el mundo que conocemos siga circulando, en movimiento. En fin, destrucción como regeneración, a lo "ave fénix". Tal vez en este caso, y sin que sirva de precedente, no le falta algo de razón, pero, de cualquier forma, un pensamiento duro, Tom. (Fuente de la imagen: pixabay).

[1] Peters, Tom. Re-imagine! Editorial Pearsons Educación. 2005.

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