miércoles, 16 de marzo de 2016

Más emoción y menos virtualización

Recuerdo que hace ya unas décadas, dos colaboradores, que estaban sentados uno enfrente de otro, hasta para ir a tomar un café se enviaban un correo electrónico. Cuando lo descubrí me senté con los dos y les di un sermón que sólo ellos lo saben. Si eres follower de este sitio probablemente conocerás que no estoy en contra de los medios telemáticos de comunicación; todo lo contrario, pero creo que si tienes al lado al compañero o compañera y le remites un email hasta para tomar una cerveza, a medio plazo provocará un desalmado e insatisfactorio ecosistema laboral. Siguiendo con lo recogido en el post “Beneficios de la gamificación” en relación a la felicidad, trabajar las relaciones presenciales es primordial para que los equipos sean felices.

Casi nadie niega que la ofimática y las telecomunicaciones economizan tiempo y dinero a raudales, pero el caso es que el trato personal, in situ, física, real-real (no real-telemático o real-virtual) creo que sigue siendo trascendental en las relaciones grupales por el ambiente emocional que las envuelve (tanto en lo positivo como en lo negativo) y esa emoción es difícil transmitirla a través de un chat, un correo o, incluso, una videoconferencia, “videoreunión”, “viedeoponencia”,“videocurso”… Cuando desatiendo en demasía lo personal, la interacción profesional se tambalea y la propia comunicación virtual pierde enteros, se debilita, decreciendo la confiabilidad del flujo de información y la confianza entre los emisores y receptores (fuente de la imagen: pixabay).

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