miércoles, 24 de febrero de 2016

Nuevos ladrones del tiempo

Hace unas semanas remití email a varios contactos comunicándoles una nueva especialización profesional en la que llevo formándome y trabajando desde hace varios años. Utilicé el correo electrónico porque, aunque para mí era importante llegar a cada uno de los propietarios de las direcciones, entiendo que es un medio de comunicación que permite leerlo cuando se quiera, contestar cuando se quiera, no contestar o borrarlo si se estima oportuno. Para satisfacer tu presunta curiosidad te adelanto que contestaron el 79%. Algunos, como Antonio, disculpándose el hombre por la tardanza (muchas Gracias a ti, Antonio). ¿Y qué pasa con el 21% restante? En esta ola tecnológica en la que vivimos, la "no respuesta" debe tener una interpretación y aprendizaje en el camino que transito (Fuente de la imagen: pixabay).

El caso es que, como ya te insinué en “Correo ladrón”, a veces dedico más tiempo del que debería a la contestación de correos electrónicos, llegando a la conclusión que "la costumbre" de atender a cualquier precio los emails que recibo a lo largo de la jornada laboral, que "ya la había desterrado" con mucho esfuerzo, irrumpe sigilosamente, en el día a día, echando por tierra la agenda. Entre el tiempo de contestar y el espacio temporal necesario para retomar el hilo de los temas interrumpidos, se me va parte del día. Lo anterior lleva a la fácil conclusión de que hay que seguir aprendiendo a lidiar el tiempo, ahorrándolo, priorizando, implantando metas, replanteándose y modulando los hábitos, delegando y, en esta época de artilugios tecnológicos por doquier, moderando y “austerizando” el uso de los dispositivos móviles.

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