sábado, 26 de septiembre de 2015

Con tres sellos de lacre

En esta semana he leído en varios medios de comunicación de mi país (El Mundo, ElEconomista…), sobre el testamento secreto de Ruiz Mateos que, ni visto ni perezoso, el juez De la Mata se ha apresurado a embargar (EuropaPress). Incluso, Javier Chicote redacta la exclusiva de ABC del acceso al susodicho documento (ABC), donde se hace alusión al único bien que parece ser le quedaba al extinto empresario, “el hipotético e improbable justiprecio de la expropiación en 1983 del imperio RUMASA".

Si eres follower de este sitio, me conoces un poco y sabes que, como no podía ser de otra forma, referencié la actualidad periodística anterior en el marco de la disciplina Derecho de Sucesiones. De la lectura facilitada por Chicote, el notario, publicita que el empresario le entregó en vida un sobre cerrado con tres sellos de lacre en los que figuraba “la impresión digital de su índice de la mano derecha, de suerte que no puede extraerse su contenido sin romper aquélla”, deduzco que se trata de un testamento cerrado (imagen del encabezado: sello de lacre; fuente: Wikipedia).

Aprovechándome de las ideas claves de la asignatura y según el Código Civil español, te apunto que en España el testamento cerrado se conforma cuando el testador, sin revelar su última voluntad, declara que ésta se encuentra contenida en el pliego que presenta a las personas que han de autorizar el acto, siendo también un testamento notarial y como tal debe ser autorizado por ese fedatario público. Pero con anterioridad al otorgamiento por el notario, el testador, o un tercero por encargo de éste, habrá redactado su última voluntad con la firma del testador. A diferencia del testamento abierto, en el testamento cerrado ni el notario ni los testigos que concurren conocen la voluntad del testador.

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