sábado, 4 de octubre de 2014

Tréboles, amebas y telas metálicas

Tarde llego a la cita. El motivo del retraso no es otro que el Gran Premio de Japón, Fórmula 1, donde hemos visto a Fernando Alonso abonarse una vez más a la quinta plaza para la salida del domingo, posición que ya viene siendo habitual en esta temporada. A ver si mañana, que se esperan tifones, se materializa el dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores”. También, el suculento desayuno que me he metido entre pecho y espalda, a base de bocadillo cateto con sobras de la cena de anoche (boquerones fritos). Sin más prolegómenos y excusas, empiezo el tema que te quiero comentar hoy. A principios de la década de los noventa del siglo pasado, dentro del Programa de Doctorado sobre Dirección Estratégica, dándole caña a la indefendida tesis “Hacia la aldea global administrativa”, dirigida por el extinto (recientemente nos ha dejado) ingeniero Alfredo Aguirre Sadaba, director del departamento en aquellos tiempos, destripé los distintos modelos de organización administrativa existentes, desde los básicos (lineal, funcional, adhocrático, …), hasta los complejos (matricial, colegial, …), descriptivos que muy bien recogió años después Eduardo Bueno Campos en su texto “Organización de Empresas”[1] .

Precisamente, lo de “hacia la aldea global …”, además de la influencia de la experiencia en la transferencia de datos diarios de los supermercados a la central (ver post “Dieciocho años después”), surgió de la oportunidad de beber de las fuentes de conocimientos de aquella época, donde ya se leía sobre una forma de comunicación vía modem y otros artilugios telefónicos (email, redes, …), algunos intuíamos (era relativamente fácil de prever) iba a evolucionar hacia formas de interacción más bien virtuales o telemáticas y, en todo caso, flexibles y rápidas. Alfredo, algunos compañeros del doctorado y del trabajo y el que te escribe, pensábamos que la velocidad de transición de las organizaciones básicas y complejas a otras, como los modelos “en trébol” o “en red”, iba a depender en gran medida del avance de la tecnología y de un intríngulis telemático, creado en la década de los sesenta del siglo pasado por los servicios de inteligencia estadounidenses para defensa de sus estratégicos datos e información y que nuestros amigos americanos lo nombraban algo así como “esnet” (evolución del “arpanet”) y previo al “Internet” que hoy conocemos.

Como apuntaba Eduardo en su libro[2], habitualmente los diseños organizativos en trébol u otras formas, como los federativos, finalizaban sus periplos teóricos y empíricos configurándose como modelos en estrella, en anillo, … que nosotros llamábamos en araña, en red o, domésticamente, “tela metálica”, en alusión a la típica malla de alambre. A principios de este siglo cayó en mis manos el trabajo del canadiense Henry Mintzberg, “Mintzberg y la Dirección”[3], apareciendo en sus páginas el concepto “ameba”[4], para nombrar a ese estadio organizativo propiciado cuando las organizaciones misioneras superaban determinado tamaño y no podían relacionarse sus miembros unos con otros, tendiendo a dividirse, formando enclaves, réplicas automáticas de la unidad inicial, basadas en la misma ideología y que el autor comparaba con la imagen de esos protozoos cambiantes que carecen de pared celular.

Todo lo anterior viene a colación porque hace unas semanas, en clase de Técnicas de Negociación, con Andrés, repasamos ese planteamiento organizativo, “ameba”, presentado por Mintzberg en sus libros “La estructura de las organizaciones” (1979) y “Diseño de las organizaciones efectivas” (2000), donde identifica cinco componentes esenciales de una organización: cúspide estratégica, línea intermedia, núcleo operativo, tecnoestructura y staff de apoyo. Rodeando a estos cinco elementos básicos de todo enfoque administrativo, se encuentra la Cultura organizacional. Todos estos módulos se presentan gráficamente conformando un dibujo, como el que te dejo en el encabezamiento, asemejándose al cuerpo de una ameba (al menos, esa silueta es la que se imaginan los expertos en la materia).

[1] Bueno Campos, Eduardo. “Organización de Empresas. Estructura, procesos y modelos”.Edit. Pirámide. 1996.
[2] Pág. 282 y ss.
[3] Mintzberg, Henry. “Mintzberg y la Dirección”. Ediciones Díaz de Santos. 1991.
[4] Pág. 269 y ss.

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