miércoles, 1 de octubre de 2014

Sencilla, potente y olvidada


Hace unos años (finales de 2008), recomendado por Antonio, hojeé el texto de Andrés Fernández Romero, “Manual del consultor de dirección”[1]. En la parte I del Libro Segundo, “Las herramientas del consultor”, capítulo 17, se describen las herramientas DAFO y CAME. Si bien el primer instrumento (DAFO) comenzó a utilizarse en la década de los setenta por Michael Porter y fui consciente de él en las clases de Empresa de la Escuela Universitaria y en las disciplinas de Gestión Empresarial en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales en la década de los ochenta del siglo pasado, el segundo (CAME), no por menos importante, es más conocido.

Me explico. Nos centramos continuamente en el análisis interno (Debilidades y Fortalezas) y externo (Amenazas y Oportunidades) de una organización o de una división o de un tema o de un asunto, pero ¿Qué hacer después del DAFO? Parafraseando (o canturreando, según se mire) el inicio de la canción Anhedonia, del rey del rock argentino, Charly García, "El tiempo vuelve a pasar, pero no hay primavera en Anhedonia", nuevamente el tiempo me trae noticias del CAME, esta vez la semana pasada, en la disciplina Técnicas de Negociación del Grado en Derecho, donde me refrescaron ese trascendental “después” del DAFO: “C”orregir las Debilidades, “A”frontar las Amenazas, “M”antener las Fortalezas (o “M”ejorarlas) y “E”xplotar las Oportunidades. Al igual que el DAFO, el CAME es una herramienta sencilla y, a la par, muy potente y práctica para formular y, sobre la marcha, ajustar y regenerar las estrategias en ejecución que previamente fueron definidas (Fuente de la imagen: elaboración propia).

[1] Fernández Romero, Andrés. “Manual del consultor de dirección”. Ediciones Díaz de Santos. 2008.

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