sábado, 25 de octubre de 2014

Mas recio y no tan dulzón

Como estamos en fin de semana, te dejo una foto del solomillo al #VinodeMálaga que guisé ayer. No utilicé ni las típicas pasas, ni piñones, ni harina, ni concentrado de carne ni caldos naturales. Tampoco eché cebolla, pero incorporé ajo en el sofrito previo con aceite de oliva virgen extra (doce cucharadas aproximadamente). En vez de sartén manejé una cacerola. Embadurné los dos generosos solomillos con pimienta ecológica, sal y un poco de nuez moscada. Luego los doré en la cazuela y, después, les vertí un generoso chorro de ese vino que, si eres follower de este sitio, sabes que atesora la barrica del post “Aroma de amistad”. 

Cubierto el alimento con el líquido elemento, se cocina a fuego intenso, borboteando, durante veinte o veinticinco minutos, dependiendo del ímpetu calorífico y de la textura de la carne que desees conseguir. Una variante que me confesó una amiga es extraer los solomillos cuando llevan unos diez minutos de cocción, cortarlos en medallones y volverlos a introducir en la cacerola, cortando el fuego y dejándolos pacer durante un buen rato. Así lo hice. Una receta distinta, con un sabor mas recio y no tan dulzón.

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