viernes, 15 de agosto de 2014

¡No he entendido nada!

“Comeera” de coco la que me dio ayer Antonio con esto de las “Relaciones poderosas”[1], parece ser hit parade del verano. Con todo respeto a uno de los autores que han publicado recientemente con el mismo título, Arnoldo Cisternas Chávez, dado que rumio el tema desde hace unos años, con lo que el amigo defendió a ultranza y lo que en esta mañana he extraído de la Red, debo decirte que “de nuevo nada”, todo basado en la lógica ancestral y la vida misma, si no que se lo pregunten a los Pujols, Barcenas, Urdangarines, ... y otras hierbas aromáticas del poder que pululan dando ejemplo de ética y moralidad por mi país, relaciones poderosas que se adaptan e institucionalizan en cualquier década, ya sea la de los ochenta del siglo pasado, cuando todavía no existía Internet (caso Banca Catalana, a título orientativo y no vinculante) o al rosario de la Aurora de corrupción actual, en plena era virtual (Ahora sólo falta que se me critique con frase similar a la que apuntaba Fabra en la inauguración del aeropuerto de Castellón - el tristemente famoso aeropuerto del abuelo ... : "No han entendido nada ... Es un aeropuerto para las personas").

Me explico. Según Antonio, en línea con la sinopsis de uno de los libros del autor, parte la supuesta “new theory” que las “Power Relationships” es un “recorrido para comprender las bases sobre las que construimos nuestras relaciones” y que gracias a ese aprendizaje mejoraremos “la calidad de nuestros vínculos y conseguiremos desarrollar la capacidad de cuidar de nosotros mismos. Para ello habrá que revisar nuestra propia historia, concienciar la relevancia de lo que sentimos o nos hacen sentir los otros o comprender el valor que tienen las formas de narrar lo que nos sucede”. ¿Te suena algo? Presiento que sí.

El enfoque se fundamenta en la proposición de que vidas poderosas constituyen relaciones poderosas (¡Vaya novedad!) y, claro, relaciones poderosas generan equipos poderosos y, ya puestos, equipos poderosos son el cimiento de estructuras y colectividades que, como no podía ser de otra forma, pueden cambiar el mundo. Como diría Isabel: ¡O sea! ¿Me estás definiendo el foro Bilderberg? Sólo coincido en la reflexión “las vidas poderosas son las que tienen la capacidad de hacerse responsables de sí mismas y de la relación que articulan con los otros; con los seres que amamos, con los que trabajamos, aquellos con los que, en definitiva, compartimos presentes y futuros”, pero no confundamos el tocino con la velocidad, es decir, el poder de los renombrados anteriormente del poder interior de cada individuo. ¡Eh ahí el quid de la cuestión! 

A más inri, y para reforzar la antítesis que le formulé a Antonio, esa memoria rara, que esporádicamente asoma entre las depauperadas neuronas, me trajo a colación otro enfoque, visión o reflexión que en enero de este mismo año Panas y Sobel[2] escribían sobre “Power Relationships” (relaciones de poder), en el sentido que a pesar de que en la actualidad es sencillo conectarse con casi todo el mundo, es más complicado llamar la atención de determinada persona y, mucho más, emprender una correspondencia con valor, deliberación con la que coincido más, proponiendo los autores veintiséis reglas para cultivar esas relaciones poderosas, reglas que, siento decir, son básicas y de todos conocidas, sólo trasladadas la mayoría de ellas, por no decir todas, del entorno tradicional o físico y adaptadas a las nuevas realidades relacionales existentes (Fuente de la imagen del encabezado: rvs).

[1] Cisternas Chávez, Arnoldo. Relaciones Poderosas. Ediciones Kairos. 2014.
[2] Jerold Panas y Andrew Sobel. “Power Relationships: 26 Irrefutable Laws for Building Extraordinary Relationships”. Ediciones Wiley. 2014. Amazon.

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