sábado, 26 de julio de 2014

Continente etéreo

Si eres follower de este sitio, habrás detectado que en más de una ocasión he escrito sobre la nueva economía[1], aunque igual ya no te acuerdas del post de 2003 ¿Nueva economía? donde te trasladaba la reflexión sobre el posible uso inadecuado de ese concepto. Pues bien, parte de la tarde de ayer la pasé leyendo las ideas sobre este tema del estratega Kenchi Ohmae[2], que utiliza una alegoría que me gusta más, “continente etéreo”, mundo en continuo movimiento, sin fronteras pero con cuatro espacios: visible.- lo que se ve, negocios tradicionales que implican la compraventa de bienes y servicios; sin límites.- mundo sin barreras, donde los capitales pacen a “tutiplén” de retornos sobre la inversión y sin preocuparse del origen de esos fondos y su inexistente regulación y tributación; cibernética.- tecnología y comunicaciones armonizadas que modifican la manera de interactuar en los negocios y de las personas; apalancamiento.- en este caso financiero, otorgado a las empresas que trafican en ese continente invisible, consolidando las bases de las rentabilidades, plusvalías o beneficios. Estos cuatro espacios conforman un cruel, trágico y sutil campo de guerra entre las corporaciones y algunos de los países que intentan normalizar este "¿nuevo?" mercado. 

Según Ohmae, para tener éxito en el continente etéreo, primero debemos conocer las reglas que gobiernan esa economía, desgranando el autor aquéllas que considera más importantes: flujo cómodo, factible y rápido de la información; inexistencia de fronteras o barreras significativas que impidan el acceso a ese mundo, requiriendo nuevas formas de conducta y pensamiento; desaparición de las élites tradicionales, siendo un espacio presuntamente igualitario donde los valores personales son laureados; el indiscutible desafío los constituye de forma que cualquier ente o individuo puede llegar e instaurarse en él, por lo que a las empresas tradicionales les será más complicado conservar su perspectiva y facilitar a su clientela valor añadido continuamente. A medida que el continente etéreo se conforma, surgen cuestiones humanas que deben ser estudiadas y solucionadas, como el valor del trabajo en un mercado laboral abierto y eficiente, la estructura de gobierno formal y responsable, nuevas formas más efectivas de democracia, el siempre factor crítico de la educación o la perenne auto renovación con dosis originarias de inestabilidad e incertidumbre (Fuente de la imagen: sxc.hu).

[1] El concepto "nueva economía" fue acuñado por el economista Brian Arthur, aunque fue popularizado principalmente por Kevin Kelly, el editor de la revista "Wired". Este término fue creado a finales de los años 90 para describir la evolución económica de una economía basada principalmente en la fabricación y la industria a una economía basada en el conocimiento, en los Estados Unidos y otros países desarrollados, debido en parte a los nuevos progresos en tecnología y a la globalización económica. En ese momento, algunos analistas entendieron que este cambio en la estructura económica había creado un estado de crecimiento constante y permanente, de desempleo bajo, y relativamente inmune a los ciclos macroeconómicos de auge y depresión. Además, creyeron que el cambio ponía en obsolescencia antiguas prácticas de negocios. Fuente: Wikipedia.
[2] Kenchi Ohmae. “The Invisible Continent : Four Strategic Imperatives of the New Economy”. HarperCollins. Año 2001. 262 páginas.

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