martes, 19 de marzo de 2013

¡Sálvese quien pueda!

La tarde de ayer la pasé con dos excolaboradores y ahora amigos, que estuvieron acicalando a mi ego con requiebros (Gracias), que estimo no me corresponden y que, en todo caso, me vienen muy mal, porque corro el riesgo que se me suban a la cabeza, como el “otro vaso de cerveza” de la canción.

El caso es que coincido en que deberían haber tenido más olfato y reflexionar por qué en esos años se iban del barco los que hoy ellos catalogan como los mejores, profesionales, directivos, mandos intermedios, …, que aportaban valor al proyecto, que sumaban, que se comprometían y que en un determinado momento se esfumaron a lo ¡Sálvese quien pueda!

Tal vez deberían haberles preguntado qué sabían, intuían o pronosticaban. Sin pretender meterme en ese saco de los elegidos, apuntaré que cuando piqué billete tampoco a mí me preguntaron las razones de la ordenada, programada y pública desconexión que protagonicé (seis meses de mi tiempo costó).

Cuando percibas que miembros de un equipo, proyecto, empresa o institución, finalizan su relación, la rescinden, abandonan el proyecto, no renuevan, …, sin justificación aparente, pregúntate y pregúntales la razón. Puede que hayan puesto de manifiesto una grave permeabilidad en la coraza o divisado un tremendo desajuste organizativo, sin visos de arreglo o reparación (fuente de la imagen; sxc,hu)..

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