domingo, 17 de marzo de 2013

Pobre y para los pobres

Si eres seguidor de este sitio, habrás percibido que nací en una familia católica, pero el andar por la vida me obliga empuja a querer ser tolerante con el resto de las religiones que pululan por este trozo de roca que llamamos Tierra. También, seguro que has detectado mi continua aspiración a cocinero, mejor, cocinilla.

Lo que no te he contado han sido las lecturas de mi hermana mayor, en las frías tardes del invierno de la infancia (¿O sí?), allá por la Ronda profunda, al calor de los rescoldos de la austera chimenea. No sólo leía libros de caballería. Me dejó obnubilado la vida de un tal Francisco de Asís, que le hablaba a los animales y ayudaba a los pobres.

Tampoco creo haberte descrito que me hubiera gustado estudiar o recibir formación de los Hermanos Jesuitas, orden fundada en 1540. Saben mis íntimos que respeto el camino de estas personas. Finalmente, recordarte que me emociono con el pasaje terrenal de la Madre Teresa de Calcuta.

Por todo lo anterior, comprenderás que no me desagrada el perfil del Papa Francisco, porque es jesuita, de cultura hispanoamericana, se ha hecho llamar “Francisco”, se hace la comida y leí ayer que, entre otras cosas todas interesantes, dijo a los periodistas en el Vaticano: 

“¡Cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres!”
  
Me inunda una tenue sensación de “esperanza” (Fuente de la imagen: Wikipedia).

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