sábado, 2 de febrero de 2013

Ni de mi alma

Allá por el año 2005, en el post “Sentir un proyecto empresarial”, te escribía sobre la opción de dimitir en tal o cual proyecto. Posteriormente, 2008, en “Total, para qué”, te colgué un vídeo con el mismo mensaje.

Anoche, después de escuchar y leer durante todo el día las informaciones de lo que está pasando en mi país (España), con la política, los políticos y la corrupción, me acordé de ese texto y de nuevo reflexioné acerca de poner el puesto a disposición de quien corresponda.

Cuando el río suena, y suena bastante, es que lleva agua. Me puedo equivocar, pero si soy decente, honrado, y he metido la pata, como mínimo, debo pedir perdón y dimitir.

Ahora bien, si he pecado y me monto la madre de todos los bulos para exonerarme, entonces, no soy digno de las personas que me eligieron, ni de mis amistades, ni de mi familia, ni de mi religión, ni de mi espíritu, esencia, alma (Fuente de la imagen: sxc.hu). 

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