jueves, 18 de octubre de 2012

Proyecto sin director

Fuente de la imagen: mvc
Cuando el perfil de los componentes del equipo de trabajo es el conveniente, adecuado al proyecto y la ruta se encuentra definida, me obligo a delegar en ellos todo lo que tenga relación con sus competencias. Evidentemente, cabe la posibilidad de que el proyecto programa pueda discurrir por caminos no necesariamente iguales a los definidos o diseñados previamente pero, en todo caso, son veredas más ricas y motivantes, puesto que surgen del flujo de creación y ejecución de ese grupo de personas comprometidas con un fin común. 
A veces, te encuentras con profesionales altamente preparados que, sin embargo, en su experiencia no han tenido una delegación efectiva de funciones. Son perfiles viciados por sus actividades laborales anteriores, ya sea habiendo ejercido previamente de funcionarios, durante mucho tiempo en una única empresa, colaborando con jefes que no delegan o trabajando en solitario.

Por más que intentas poner en valor sus capacidades y transmitirles confianza en su labor y que se arriesguen a decidir, suelen "reculear", enumerando deficiencias, exponiendo el presunto caos, etc., sin caer que la solución está delante de sus narices, con un poco de iniciativa y cohesión transversal entre todos.  No me gusta tener que llegar y tomar decisiones que generan soluciones que pueden y deben acometerlas ellos mismos. Desde luego, en el corto plazo, esos enfoques no abonan la tendencia del futuro, según algunos expertos, relacionada con los proyectos sin puesto retribuido de dirección, lo que se conoce como “oficina sin jefe”, donde los miembros del grupo, del equipo, del proyecto, del negocio, de la actividad, del departamento o, en resumen, de la organización, actúan de ejecutores y directores, como lo recogido en “El líder que no tenía cargo”, de Robin Sharma (ver texto, Velasco, 2012, del mismo título)[1].

Pienso que debemos caminar hacia lo descrito en el post “Sociocracia y empresa” (Velasco, 2012)[2], en el sentido de organización centrada en la correspondencia, la eficiencia y la transparencia, declarando el principio de consentimiento y garantizando la comunicación de abajo a arriba y de arriba abajo. Lo anterior, en determinados casos, nos llevará a la conformación de equipos sin una autoridad oficial pero con un peso brutal en la toma decisiones y en la ejecución propiamente dicha, por no hablar de las decisiones gestadas en comisión o junta de arbitraje. Ahora bien, el que piense que el futuro nos deparará un mundo idílico sin autoridad, está equivocado. Todo dependerá de la actividad, del grupo, de la necesidad y, sobre todo, de la evolución en conocimiento y responsabilidad (fuente de la imagen: sxc.hu). Imagen incorporada con posterioridad; fuente: mvc archivo propio.
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[1] Velasco Carretero, Manuel. El líder que no tenía cargo. 2012. Sitio visitado el 18/10/2012.
[2] Velasco Carretero, Manuel. Sociocracia y empresa. 2012. Sitio visitado el 18/10/2012.