miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Porcentaje decente?

Ayer procedí a la actualización de los datos del informe sobre inserción laboral de uno de los proyectos en los que colaboro desde hace un año, relacionado con la formación e inserción de treinta jóvenes desempleados.

Utilicé el concepto “decente” para catalogar la previsión del porcentaje de contratos laborales, en el sentido de digno, estimable, cumplidor, pero percibí que a los receptores del texto no terminó de convencerles el término, tal vez porque lo razonaron como encogido, modesto o púdico.

En todo caso, la expectativa de llegar en el corto plazo a la inserción de más del 55% de jóvenes, con la que está cayendo, es motivadora.

Y es que en mi ámbito territorial de actuación, Andalucía en general y Málaga en particular, tenemos muchos jóvenes desempleados y descontentos.

El dato. Según Business Week, "The Youth Unemployment Bomb", en España el desempleo de los jóvenes es superior al de Egipto, si bien aquí esta tipología de desempleados, por el momento, no está intentando derrocar al gobierno de turno, como ha sucedido en el país de los faraones.

Nuestra economía local, provincial, regional, nacional, no genera suficientes empleos para integrar laboralmente a estas personas.

Lo anterior genera en sus corazones una sensación de fracaso, de frustración, porque la sociedad no utiliza su inmenso brío, su conocimiento y su pasión, para regenerar el depauperado tejido económico y, por derivación, social.

La elevada tasa del desempleo en esa franja de edad es más que preocupante.

Es una pena que no sepamos estimular, encauzar y utilizar el formidable, morrocotudo, talento que albergan esos inocentes seres.

Cierto. No existen remedios milagrosos.

Tampoco vale escudarse en la actual crisis de órdago que padecemos, para tirar la toalla y, mientras, seguir chupando del bote (sea este bote, cobrar el dinero público, cobrar mi sueldo, ...), mientras vamos caminando alegremente hacia el precipicio.

Aquéllos que de una u otra forma estamos implicados directa o indirectamente en proyectos formativo-laborales, deberíamos estrujar los recursos que los entes públicos y privados ponen a nuestra disposición, para reducir esa desilusión y generar esperanzas ciertas de inserción laboral.

En resumen. No debo tomarme ese trabajo como una profesión, sino como una oportunidad de cambiar el futuro de esos jóvenes.

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