sábado, 13 de octubre de 2007

Pagar la novatada

Recientemente, dos contactos, Fausto y Milagros, me han trasladado su opinión acerca de la experiencia en la asistencia a formación especializada en materia de reforma contable. El primero asistió a un seminario presencial, de 15 horas de duración, organizado por una corporación de derecho público, con el perfil de los ponentes relacionados con la universidad. El segundo se apoyó en un curso de teleformación, organizado por una importante escuela en educación y con un perfil de profesores de reconocido prestigio. Ambos coinciden que de enfoque práctico muy poco y que cuando trasladaban algunas cuestiones un poco más profundas, los ponentes o tutores se escudaban en el carácter transitorio o de borrador de la normativa y emplazaban su respuesta para cuando se aprobara el texto definitivo.

Reconozco que en el mes de marzo de este año, también incurrí en el anacronismo de los ponentes o tutores de la formación recibida por Fausto y Milagros. Por mucha teoría y práctica que sobre la normativa internacional tuviera, la reciente aprobación del primer borrador sobre el nuevo plan general de contabilidad (febrero de 2007) me hizo recurrir en más de una ocasión, en mi primera experiencia como ponente, a la salida “es un borrador” y, de esta forma, pasaba de puntillas por la parte de la legislación que todavía no estaba clara o la temida práctica.

Pero el alumnado, que no es tonto, ya desde el primer momento me exigió que me definiera y que me arriesgara, sobre todo, en la elaboración de supuestos prácticos, siendo conscientes todos/as del carácter “borrador”. Y así fue. En mi segunda experiencia, abril de 2007, redacté unos veinte supuestos, anotando, incluso, mis dudas en cuanto a la utilización definitiva de una u otra cuenta. En mayo me atreví con mi primer Estado de Flujos de Efectivo (EFE). Un participante me reventó, prácticamente el 30% del supuesto. De esa retroalimentación surgió un ejemplo mejor. Se lo agradecí.

En junio, a la inteligente pregunta de un alumno sobre qué tipo de formación futura debería elegir de la previsible avalancha de oferta que se recibiría a partir de septiembre, le respondí que se estudiara no sólo el perfil de los ponentes o tutores, sino, también, el enfoque eminentemente práctico de las jornadas, seminarios y cursos. Respecto al perfil, se debe preguntar qué experiencia práctica en materia de NIC-NIIF tienen los ponentes, si han participado en comisiones técnicas sobre el nuevo plan, si han realizado algún trabajo específico e, incluso algún supuesto. En cuanto al enfoque práctico, estudiar concienzudamente el programa y solicitar, también, alguna parte del texto práctico, para haceros una idea.

La mayoría de las veces nos guiamos por el efecto deslumbrante de la organización que patrocina el evento formativo, sea una firma de auditoría de reconocido prestigio, una institución de renombre en materia de educación, o una corporación de derecho público, y damos por hecho que será excelente. Fausto y Milagros han pagado bien la novatada, en el sentido literal y económico del concepto “pagar”. Aprendamos de su experiencia. Suerte con la elección de vuestro próximo evento formativo (ilustración del MEC). Fuente de la imagen: sxc.hu.