Ayer, tomando un café con el ingeniero Luis, en relación a la pérdida de la confianza en una relación profesional, me dijo la siguiente frase:
“La confianza es como un vidrio, si se rompe, por más que lo pegues nunca quedará como antes”
Se me vino a la mente la frase que años atrás comentó el contacto Anton en un foro:
“La confianza es como la virginidad, una vez que se pierde no se vuelve a recuperar”
Ciertamente, rota la confianza, es casi imposible volver a recuperarla.
Siguiendo con los enfoques metafóricos, habría que recoger todos y cada uno de los añicos del vidrio y fundirlo de nuevo a unos 1.500 °C.
Pero nunca quedará como antes, ya que las partículas que conforman el sólido amorfo carecen de una estructura, formas, caras, ordenadas y definidas.
No obstante, a la hora de analizar una confianza y su pérdida, hay que pararse en la forma en que se labró dicha sinceridad, lealtad o esperanza.
En este sentido, en algunos casos, nuestra madurez nos empujará a encender el horno para reconstruir el vidrio roto, aunque el restaurado no sea el anterior, de forma que los conflictos, desajustes, problemas, se desactiven y surjan expectativas de solución.
Termino con el pensamiento atribuido a Nietzsche:
“Las personas que brindan su plena confianza creen por ello tener derecho a la nuestra. Es un error de razonamiento: los dones no dan derecho”
¿Merece la pena? Depende. Bueno. Me voy a trabajar. Feliz Sanfermines.




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