domingo, 30 de noviembre de 2025

Priorat y Genal: Ecos del Sendero

Fuente de la imagen: GR-174. Sitio vinopost (M. Velasco, 2025)
El vino reposó en la mesa de madera de castaño, contrastando su color picota intenso con los tonos verdosos y rojizos que Ezequiel y Antonia contemplaban desde el porche de su casa en el Valle del Genal, en el corazón de la Serranía de Ronda. La tarde se inclinaba suavemente y la luz cálida del otoño andaluz se filtraba entre las hojas de alcornoques y quejigos, tiñendo el ambiente de una quietud profunda, casi sagrada. Ezequiel, con el ceño arrugado por la concentración, acercó la copa a su nariz, buscando en ese caldo catalán un eco de su propia tierra. En ese primer contacto olfativo, el GR-174 2023 (M. Velasco, 2025)[1] desplegó su complejo abanico de aromas. La fruta roja fresca, con destellos de frambuesa y cereza ácida, se sentía en sincronía con la frescura que el arroyo cercano aportaba al aire. Pero fue el toque balsámico, la nota de eucalipto y el sutil recuerdo de regaliz, lo que unió la cata al paisaje: ese frescor boscoso del Genal, saturado de humedad serrana y de la vida latente del monte. El vino no era un intruso; era un invitado que traía consigo el aroma de otro sendero, el catalán, que se hermanaba con el andaluz en la promesa de naturaleza.

Antonia, más pragmática, sirvió unas lonchas de lomo en manteca[2], y fue al probar el primer sorbo que la armonía se completó. El vino, con su entrada golosa y su paso vibrante, cortó limpiamente la untuosidad del embutido. La acidez tensa y equilibrada del Priorat limpiaba el paladar, mientras que los taninos suaves y aterciopelados se fundían con la textura de la carne. La multiplicidad de cepas de este coupage[3] le aportaba una estructura firme, una columna vertebral que le permitía sostener el peso del sabor andaluz. Pero, decididamente, la mineralidad subyacente del vino, ese recuerdo terroso y de pizarra, evocaba la tierra rojiza y pedregosa de las huertas de la serranía, un puente invisible entre el suelo de Bellmunt del Priorat y el valle frondoso. Este tinto demostró ser el compañero para esa convivencia íntima: un vino de gran estructura, pero sin pesadez, lo suficientemente complejo para ser interesante en el silencio de la sobremesa y lo bastante honesto para maridar la sencillez de un manjar local, sellando una tarde de paz y de encuentro entre dos territorios unidos por la calidad de sus paisajes y la profundidad de sus sabores. Fuente de la imagen: mvc.
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[1] Velasco-Carretero, Manuel (2025). GR-174. Sitio vinopost. Visitado el 30/11/2025.
[2] Que Ezequiel había curado.
[3] Syrah, Cabernet Sauvignon, Samsó.