lunes, 8 de mayo de 2017

Disparar al jefe

Escuchando a The Rolling Stones (ver Rebobinando), en el fin de semana pasado he estado re-hojeando el texto de Mark Levine y Stephen Pollan, Fire Your Boss[1], que traducido con mi inglés de los Montes de Málaga es algo así como “Dispara a tu jefe”, título que, si no se ha leído el libro, presuntamente incita al homicidio premeditado de mi superior jerárquico. En las páginas, los autores intentan explicarme gráficamente las acciones que tengo que poner en marcha para superponerme al de aquellos otros, mal llamados “jefes”, al tiempo que me instruyo en obtener la máxima utilidad posible a mi puesto de trabajo.

Y es que, como bien apuntan Mark y Stephen en el primer capítulo, tengo que hacerme cargo de la realidad que campa en mi empresa, donde se trabaja para un sucedáneo o imitador de Napoleón (no digo aún Macron), que actúa de manera vehemente, decidiendo desde cuándo tienen que llegar y marcharse sus colaboradores, hasta cómo deben vestirse o qué es lo que tienen que hacer o decir en las redes sociales virtuales, mientras intenta venderte el mensaje de que lo que “le mola es la bola” (supongo que en referencia a la pelota de golf que infructuosamente una y otra vez intenta meter en el hoyo).
Levine y Pollan pretenden convencerme de la bondad de disparar a mi jefe, metafóricamente hablando, se entiende, con sugerentes propuestas, como “liquidar mi carrera y buscarme un nuevo empleo”, recordarme que no existe un “yo” en la oficina, que no debo buscar un puesto de trabajo, sino mejor “pescarlo”, que nadie contrata a un peregrino o que debo contar siempre con un plan para mi vida (Fuente de las imágenes: pixabay).

[1] Mark Levine, Stephen Pollan. Fire Your Boss. Editorial. William Morrow. 2005.

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