viernes, 2 de septiembre de 2016

Lo positivo del rumor (si es que lo tiene)

Hace ya más de seis años, en el post “Rumorología”, reflexionaba sobre el rumor, ese virus de producción social, hoy parte usual de las redes sociales virtuales y sobre los que, según Nicholas DiFonzo, hay que acatar sensatamente su potestad, siendo preferible tratarlos ética y convenientemente. El caso es que tiendo a catalogar los rumores como patrañas, embustes y cuentos, pero ayer, mientras escuchaba conversación sobre el tema, caí en la cuenta que mi clasificación podía ser parcial o estar sesgada, puesto que parece que pueden tener otras connotaciones no tan negativas. En fin, reconozco que sigo sin tenerlo claro, pero a continuación voy a trasladarte algunos de los ejemplos que se barajaron en la tertulia por si a ti te clarifica algo.

Uno de ellos fue el caso de la función de programación del futuro; escuchando el sonido de los fontaneros o transmisores de estos “ruidos” de baja intensidad, podemos prever el futuro de tal o cual división, proyecto, perfil profesional… y actuar en consecuencia. También, me comentaban que estas hablillas pueden ser utilizadas para crear lazos relacionales o de confianza entre partes a priori difíciles de entenderse, por ejemplo, transmitir información acerca de una inminente o perentoria reestructuración organizativa, donde un responsable de departamento, un mando intermedio y un auxiliar o auxiliares sí o sí se encuentran afectados o circunstancialmente van a estar en el mismo bando (Fuente de la imagen: pixabay). 

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