martes, 5 de julio de 2016

¿Qué aporta hoy un libro de negocios?

Si eres follower de este sitio, sabes de mi hábito de hojear o re-hojear un texto técnico, de negocios, organización, gestión… los fines de semana, que luego te cuento en el siguiente lunes. Atrás queda el libro “En busca de la Excelencia” (1982) de Peters y compañía, referenciado hace una década en el post “Peters, a la tercera va la vencida ¿no?”, y del que te dejo una imagen en el encabezado, o el del fin de semana pasado, comentado en “Sorprendido desde el flanco ciego”. Entre ambas notas unas cuantas referencias más, diría, prueba de la costumbre. 

Ahora bien ¿Es tan buen hábito. como se podría pensar. leer libros de negocios o, por el contrario. sólo aportan chismorreos, ruidos y confusión? Hace unos meses, David K. Hurst editaba en Strategy and Business, Why Business Books Still Speak Volumes, que traducido con mi ingles de los Montes de Málaga es algo así como “Por qué los libros de negocios son tan numerosos” (aunque después de leer el artículo, me gusta más el siguiente título: "Por qué los libros de negocio son tan notorios”), donde apuntaba lo fácil que es criticar este tipo de publicaciones, pero no hay lugar a dudas que se han convertido en un gran "negocio", nunca mejor dicho. 

Los motivos y las habilidades de los escritores que laboran en estos segmentos - autoayuda, biografías, relatos de CEOs corporativos, panorámicas de grandes marcas… - son tan variadas como las propias categorías. Según Hurst, importantes los esfuerzos basados ​​en la investigación académica, a veces bien escritos, pero a menudo llenos de jerga impenetrable, cuando no bocanadas de tocador de ejecutivos para pulir sus controvertidas imágenes, por no hablar de esa constante avalancha de textos de presuntos “consultores”,que miden los libros de negocios como el espesor de sus tarjetas de visita y, en todo caso, esenciales para establecer sus “credenciales profesionales” (interpretación libre de lo que insinúa Hurst).

Coincido con David (y doy fe de ello), que en el hojeo y re-hojeo periódico se detectan algunos libros fantásticos y otros francamente buenos, pero muchas de estas publicaciones son, por desgracia, bastante malas. Estas últimas conforman un variopinto abanico de técnicas, desde parecerse a interminables artículos de revistas o periódicos (sí, esos artículos por entregas, que criticaba hace una década en el post “Tirados a la papelera”), a extensas presentaciones simulando power point y, en muchas ocasiones, contando los “casos de éxito” de terceros (y dale con esos casos de éxito conformados ex profeso para la ocasión), apropiándose de ese relativo éxito y culpando de los fracasos a terceros. 

Pero en la edad del “twitteo”, para el autor del artículo un buen libro de negocios perfecciona el juicio de valor y expande la experiencia, aportando distintas perspectivas y mapas mentales que pueden ayudar a contextualizar las situaciones que vivimos en primera persona y a entender que un problema también es una oportunidad. Por otro lado, una narración siempre viene bien, por muy Dr. Sheldon (de la serie The Big Bang Theory), que se sea, puesto que los datos en sí raramente los captamos como conocimiento al primer golpe de vista (ahora que lo pienso mejor, salvo Sheldon, claro), ni la información en sí tampoco tiene por qué entenderse de entrada. 

Yo, al menos, necesito argumentación, narración, que proporcione sentido a la experiencia. En ese enfoque argumentativo proactivo y en esta era digital que nos ha tocado vivir, un buen libro de negocios puede ayudar al autoconocimiento, servir de apoyo en el tránsito del camino y generar nuevas perspectivas en esa continua búsqueda de congruencias (Instantánea elaboración propia; fuente de la imagen manga que acompaña al libro: rvs/2016).

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Hola. Gracias por la visita. Saludos. Manuel