martes, 11 de agosto de 2015

Como un exquisito estofado

Si eres follower de este sitio, por textos como “Sentir un proyecto empresarial” o “Cuestión cultural” conocerás mis incursiones sobre la cultura empresarial. En “Corrección Cultural” incluso te refresqué los cuatro tipos de culturas empresariales, enumerados por Charles Handy, y su relación con los dioses mitológicos Zeus y club, Apolo y burocrática, Atenea y de proyectos y Dionisos e individualista (Handy llama la “teoría de la corrección cultural” a un método para que cada organización sea capaz de mantener el equilibrio adecuado a sus circunstancias entre los cuatro tipos de culturas). 

Pues bien, después de la degustación de un exquisito estofado de lentejas, la charla de la sobremesa giró en torno a la cultura como característica principal de aquellas empresas que en mi ámbito territorial de actuación sortean mejor esta crisis que nos ahoga. Organizaciones sustentadas en el favorecimiento del desempeño, inspirando a cada colaborador o colaboradora, ya sea interno o externo, para que extraiga de sí mismo su mejor esfuerzo, fomentando emociones de nobleza y honradez hacia el equipo, el área, la división, la empresa o el grupo empresarial, como un todo. 

Realmente, una cultura empresarial es como un rico estofado a base de conocimientos, sentimientos, modelos de conducta y filosofías proactivas de dirección, recompensando al individuo económicamente y emocionalmente, posibilitando un ambiente colaborativo vivificante e inspirador y actuando desde sus específicos e identificadores valores, credos y filosofías (ver post del mismo título) y envueltos en un halo de ética y moralidad (ver, también, otro post del mismo título). Fuente de la imagen: pixabay.

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