viernes, 19 de junio de 2015

Borrado de tweets

En “Acerca de” apunto algunas consideraciones del maestro Maktub (Paulo Coelho) sobre la importancia de escribir, "ya sea una carta o un diario", o unas notas en este blog, pero escribir, porque escribir nos "acerca a Dios y al prójimo" y posibilita entender mejor nuestro rol en la vida, procurando día a día plasmar nuestra esencia a través de la escritura, "aunque nadie lo lea; o, lo que es peor, aunque alguien acabe leyendo" lo que no quería. Según eldiario.es, “Decenas de tuits desaparecieron de la cuenta de Carmona dos días antes del escándalo Zapata”, las cuentas en twitter del candidato Carmona al Ayuntamiento de Madrid, en los días previos al destape de los tuits del ya exconsejal de Cultura de la misma corporación, registraron un sensible borrado de más de dos mil participaciones, según unas fuentes, y sobre doscientas, según otras. Se comenta en mentideros, no sé si de buena o mala tinta, que el amigo de Carmona, Inda, le habría alertado de la situación que iba a descorchar en La Sexta Noche ¡La gente piensa cada cosa más rara! En fin. Los más de cinco mil tweets, los casi cuatro mil posts en este blog y los innumerables “Qué estás pensando” en Facebook, reflejan parte de lo que soy en lo profesional (y por derivación, en lo personal), mi yin y mi yan, sin trampa ni cartón, para lo bueno y menos bueno y sin agendas ocultas para ti.

Lo que sí queda claro es que, por alguna razón que desconocemos, el borrador (o borradora) de los tuits de las cuentas en twitter del candidato Carmona, no quería que esas notas siguieran estando operativas o públicas. Al igual que un imputado o una imputada, que por ese hecho tiene la prerrogativa de no decir la verdad ante el órgano judicial (en su defensa), no debería seguir al frente de sus responsabilidades políticas hasta tanto no se archivara o sobreseyera la causa, desconfío de esos borrados masivos o selectivos (como prefieras). Si eres follower de este sitio sabrás que no me gusta despistar o distraer lo que se ha escrito. Cierto que en algún caso he eliminado la inserción, porque el texto era una ruina ortográfica o gramatical total o se habían embutido comentarios despectivos hacia personas o entidades por parte de terceros, pero salvo esas excepciones, me resisto a eliminar textos, sobre todo de los preliminares blogueros (primera mitad de la primera década de este siglo), cuando tenía abiertos diarios en distintas plataformas (algunos posts todavía pululan por la blogosfera) y estaban escritos “de aquella manera”. Por ejemplo, contenidos inexactos o erróneamente duplicados en el mismo blog, como “Pliego de condiciones”, “Master de familia” o “Ardo beltz”, por respeto al internauta que lo visitó en su momento, prefiero tacharlos que eliminarlo de raíz. Para terminar, que cada cual actúe según su conciencia y que el usuario de las redes sociales saque las conclusiones que estime convenientes sobre la ética y la moralidad de cada uno de los que publicamos un post, un tuit o un comentario.

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