viernes, 20 de diciembre de 2013

Tú misma

Escuchaba ayer a mi interlocutora confesarme la pérdida de la emoción por su trabajo. En cuestión de meses se había esfumado toda la magia que pensaba envolvía a su empresa en general y a su number one en particular. Había sido un poco de todo, pero lo que más le dolió fue descubrir lo que habitaba detrás de la máscara caída. Se reveló un otrora caballero blanco (ver post "Los caballeros blancos") y ahora hiena tirando de un carro de golf, con sus ruedas  imaginariamente pinchadas.

¿Qué hacer? Se revuelve como la ola en su lucha contra el anunciado destino. Dice que su puesto, por el momento, está garantizado, pero no tiene asaduras para seguir, por lo que cada día le cuesta salvaguardar el nivel de profesionalidad y compromiso que se exige. - Eres buena – Comenté. Tú misma. Por lo demás, si puedes, recarga pilas en este fin de semana (fuente de la imagen: realización propia). 

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