miércoles, 30 de enero de 2013

Se acabó lo que se daba

El título de este post es una frase cotidiana utilizada cuando se quiere dar por finalizado un tema o cuestión, o bien indicar que se ha terminado la participación, acción o gestión en algo o de algo.

Ayer estuve almorzando con dos contactos, de mi ámbito territorial de actuación, de profesión auditores o, como se hacen llamar ellos, fedatarios públicos de la contabilidad y de sus soportes. Pensaban extorsionarme con una comida en un céntrico restaurante de la ciudad, y así me lo dijeron, para conocer mi opinión acerca de la argumentación sobre la imputación y elegibilidad de determinados gastos en un proyecto financiado con fondos europeos.

Fue un placer la convivencia profesional. Te confieso que para mí el encuentro fue muy gratificante, porque dado que los dos son una fuente de conocimiento, pero no quiero que se enteren porque se les puede subir pronto a la cabeza y la próxima vez me obligarán a pagar a escote, porque lo aprovechan todo.

Ya en los postres le trasladé el rumor que circula por la administración pública y que me había llegado por distintas vías, sobre que estaban mirando con lupa el trabajo de los auditores que verifican la justificación económica de subvenciones ejecutadas. Cual fue mi sorpresa cuando ambos me respondieron que eso es lo que se tenía que haber hecho mucho antes.

Su cabreo se debe a que existen verificadores de justificaciones que “firman en barbecho”, es decir, presuntamente no realizan el trabajo de cotejo del cien por ciento de las facturas y de sus pagos, no estudiando detenidamente las memorias económicas y técnicas ni analizando la razonabilidad, idoneidad y, por derivación, elegibilidad de los gastos imputados. Y para más inri, en ocasiones tiran los precios.

Claro. El auditor o auditora que "realiza su trabajo" y cumple con el procedimiento, soporta una competencia que no es desleal sino fraudalenta, de esos mercenarios de turno que al abrigo de sus pseudosociedades de consultoría interpuestas, puestos institucionales de representación y lobbies de presión, “comercian” los servicios de verificación de subvenciones con descaro, intrusismo y hachazos limpios, ofreciendo y vendiendo por lo bajini informes impolutos.

Por eso, mis contertulios se alegraron de que al menos el funcionario o funcionaria de turno de una vez por todas dedicara tiempo a comprobar la bondad de esas verificaciones, denunciando ante los organismos controladores a esos presuntos advenedizos o temporeros, tapados intermediarios sin ninguna responsabilidad, y expedientando a aquellas entidades solicitantes que se venden por un plato de lentejas. Esperan que en este desbarajuste se cumpla el refranero “Se acabó lo que se daba” y queden los que verdaderamente hacen la verificación conforme a la normativa de aplicación y de forma proactiva (Fuente de la imagen: Wikipedia sxc.hu).

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