miércoles, 7 de septiembre de 2011

Rituales vivificadores

Llevo caminado seis días de septiembre y no he cumplido para nada los usos y costumbres que me propuse este verano, para mejorar mi calidad de trabajo y, en síntesis, de vida. Estamos a tiempo de rectificar.

Todo surgió a final de la primavera, reflexionando acerca de lo que Tony Schwartz, presidente de “The Energy Project” y co-autor de "Be Excellent at Anything", opinaba en el artículo de Harvard Business Review, “Six Ways to Refuel Your Energy Every Day”.

Dice Tony que no nos crearon para laborar como si fuéramos ordenadores, máquinas, trabajando veinticuatro horas, continuamente, sin descanso. Nos diseñaron para ser regulares, constantes, pero acompasados, métricos, y reanimarnos de forma intermitente.

Propone una serie de estrategias, desde dormir el tiempo necesario, estableciendo un momento fijo para irse a la cama, descansar cada hora y media de producción, descargar la mente de lo accesorio a través de enumeraciones escritas de tareas y actividades a ejecutar, hacer ejercicio, sestear o seguir un ritual de transición entre trabajo y casa.

Coincido con Schwartz que el quid de la cuestión no está en el tiempo que le dedico al trabajo, sino en la energía que dispongo mientras lo realizo. Finalmente, apunta la necesidad de ejercitar la evaluación positiva o búsqueda de la apreciación empática de las personas.

Como muchos no tenemos abuela, esa valoración nos lleva a aplicarla a uno mismo, regodeándonos un poco (lo justo ¡Eh!) con las relativas victorias o satisfacciones por el trabajo bien hecho, perdonarnos por las meteduras de pata y, en resumen, concediéndonos la consideración, el favor y la distinción que nos merecemos (viñeta de imagenes-gratis.net).

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