domingo, 7 de marzo de 2010

Me fui a coger espárragos

O "a freír espárragos", frases documentadas en el siglo XIX. Se expresaba "anda a freír espárragos" o "anda a esparragar", es decir, a coger espárragos. Según ide3.com, “Mandar a uno a freír espárragos u otras cosas”:
“la expresión procede en última instancia del proverbio latino Citius quam asparagi coquantur, ‘en lo que tardan en cocer los espárragos’ en latín, y que hace referencia a un tiempo brevísimo, ya que el espárrago debe ser retirado del fuego al primer hervor. Entonces, si lo que se pretende es mantener ocupado el mayor tiempo posible al individuo molesto, o se le manda a recogerlos o a freírlos, en una confusión significativa enviando a freír algo que se ha de hervir, en la línea de algo inútil como la del que asó la manteca.”
Aprovechando un respiro del mal tiempo, nos apuntamos con unos amigos a estirar las piernas, por el camino de Málaga a Almogía (España). El caso es que la ajustada semana profesional que finalizaba y el verdor de la sierra, me incitaron, nunca mejor dicho, a "irme a coger espárragos" y así lo hice. Mientras saltaba de roca en roca, buscando el brote peñero, recordé la infancia, cuando esta actividad era una de las escasas diversiones que se realizaban en el campo en determinados intervalos de tiempo, dependiendo de las lluvias, el tránsito de una labor a otra, … Después, en el instituto, me partía de risa ver a mi amigo Vázquez contemplar con detenimiento y suma paciencia los recovecos de una abulaga, de la familia de las Fabaceae, arbusto espinoso, confundiéndola con una esparraguera, intentando localizar la inexistente yema, a no ser que ésta hubiera sido adoptada por la aliaga, cosa improbable. Posteriormente, me consta que se ha hecho un experto en esa lid (un saludo desde este sitio, amigo).

En fin, conseguir destreza no es fácil y en la actualidad, con los rebaños, el incremento de la competencia por el desempleo, el avance de las tierras de labor, la mecanización, el destrozo medioambiental, ..., todavía se hace más complejo. Al sufrimiento operativo por no encontrar el codiciado alimento, hay que añadir dosis de paciencia, observación, reflexión, riesgo a arañazos y cortes, largas caminatas, falsos saltos, caídas, alimañas, capacidad de aguante y un largo etcétera de obstáculos que hay que ir superando. Cuando lo encuentras, tienes que decidir si reúne las medidas adecuadas para cortarlo o has llegado demasiado tarde. Por alguna razón, me recuerda los pormenores de la vida empresarial que transito. Te dejo una foto, que me hicieron en plena faena.

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