![]() |
| Fuente de la imagen: Valderivero Crianza. Sitio vinopost (Velasco, 2025) |
Hay tardes que piden a gritos un refugio donde la incomprensión del mundo exterior se disuelva entre notas musicales y una copa bien servida. En una de esas "semanas raras", donde uno se siente fuera de lugar, decidí dejarme llevar por la cadencia de Tinta Roja (Velasco, 2017)[1], ese vinilo donde Andrés Calamaro, con una valentía casi insolente, se despoja de las distorsiones del rock para abrazar la desnudez del tango. Mientras la aguja recorría los surcos del disco, el color guinda picota del Valderivero Crianza (Velasco, 2025)[2], comenzó a brillar en la copa, reflejando una intensidad que parecía dialogar con la voz "maltrecha pero aguerrida" del artista argentino. Hay algo honesto en este encuentro; por un lado, un vino que nace de la altitud y el esfuerzo de un terroir franco-arenoso en la Ribera del Duero y, por otro, un puñado de canciones clásicas interpretadas con un respeto que no busca la perfección técnica fría, más bien la verdad de la emoción real. Al igual que Calamaro se enfrentó a piezas como "Sur" o "Mano a mano" desde la sinceridad más absoluta, este Tempranillo se presenta sin artificios, permitiendo que la esencia de la fruta y su paso por barrica cuenten una historia de madurez y equilibrio. Es, en propiedad, una invitación a aceptar la propia autenticidad como individuo, celebrando esos momentos donde no necesito validación externa porque el placer que siento es, por derecho propio, legítimo y profundo.
![]() |
| Fuente de la imagen: Tinta Roja. Sitio musipost (Velasco, 2017) |
A medida que avanzaban los compases de la "Milonga del trovador", los aromas de mora y arándanos del Valderivero Crianza empezaron a inundar el ambiente, creando una atmósfera de puro goce sensorial que me recordó por qué este vino es considerado un "valor seguro". La integración de sus doce meses de crianza en roble se sentía en el paladar de forma similar a los arreglos acústicos de Javier Limón en el disco: presentes, elegantes y siempre al servicio de la expresión principal, que aquí es una fruta potente y estructurada. Degustar este vino mientras sonaba "Por una cabeza" me hizo reflexionar sobre la solidez que aporta la tradición, ya sea en los viñedos de la familia Rivero o en el repertorio tanguero, ofreciendo un asidero firme cuando el entorno se vuelve desconcertante. La potencia del caldo y sus taninos maduros armonizaban curiosamente con la honestidad de un Calamaro que se atrevió a ser "desafinado" para ser más humano, recordándome que la verdadera belleza a veces reside en lo que es genuino y alejado de la impostura. Al final de la tarde, con la copa vacía y el silencio que deja el fin de un vinilo, comprendí que ambos son refugios necesarios; enseñándome que, a pesar de los juicios ajenos, siempre puedo habitar un espacio de respeto a través del arte y el mimoso cuidado de lo que nace de la tierra de la Ribera y de la garganta de Calamaro. Fuente de las imágenes: mvc archivo propio.
_____________
[1] Velasco-Carretero, M. (2017). Tinta Roja. Sitio musipost. Visitado el 17/5/2026.
[2] Velasco-Carretero, M. (2025). Valderivero Crianza. Sitio vinopost. Visitado el 17/5/2026.

