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| Fuente de la imagen: mvc archivo propio |
Para desmontar el “mito de la ficcionalidad”, debemos entender que en el marco de las entidades públicas y organismos afines, la contabilidad presupuestaria es el espejo de una responsabilidad jurídica y económica, por lo que sostener ligeramente o sin conocimiento de causa que un excedente es irreal porque simple y profundamente proviene de una "no ejecución" es tan falaz como, por ejemplo, afirmar que el ahorro de una familia es invisible o irreal solamente porque en su momento decidieron no realizar una reforma en casa. Ese capital no se desvanece por el hecho de no haber sido gastado; al contrario, se consolida como un remanente de tesorería que refuerza la solvencia institucional y permite absorber contingencias futuras. La realidad de este superavit se manifiesta en su poder liberatorio: permite cancelar deudas, financiar nuevas inversiones o mejorar la prestación de servicios en el siguiente ejercicio sin recurrir al endeudamiento. Por tanto, la compensación de desviaciones presupuestarias que arroja un saldo positivo no es un "truco de magia" contable, es un indicador de sostenibilidad. Mientras el dinero esté disponible en las cuentas bancarias de la administración y esté libre de obligaciones de pago inmediatas, el excedente es tan tangible como el papel moneda. Es, en última instancia, el testimonio de una gestión que, tras navegar por las turbulencias de la ejecución, ha logrado preservar e incrementar el patrimonio público, transformando la variabilidad de los tiempos administrativos en una fortaleza financiera incuestionable.
