martes, 10 de diciembre de 2013

Como árboles frutales

Anoche me quedé viendo el programa de Xplora, “El jefe”, donde durante una semana un alto directivo de una gran empresa se incorpora de forma anónima a su propia compañía como un trabajador más. Me recordó mi etapa de director de auditoría interna, a principios de la década de los noventa del siglo pasado (ver “Ni seguratas ni chivatos ni detectives”), cuando propuse un plan dirigido a los directivos para conocimiento del funcionamiento de la cadena de distribución. Una vez aprobado, yo mismo inicié el programa.

Estuve una semana trabajando de cajero reponedor en supermercados de Marbella, Estepona y Fuengirola, igual periodo en los hipermercados de Mijas Costa, Marbella y Arroyo de la Miel y otro tanto en los almacenes centrales y en el departamento de logística. Además de hacerme trabajar duro, lo cual agradezco, fui consciente, de primera mano, de muchos recovecos organizativos que me sirvieron para conocer de cerca determinados procedimientos de trabajo y proponer actualizaciones a los manuales de funcionamiento. Desde aquel momento, cambió en mi mente la concepción de ese negocio.

Mientras veía el programa, recordé los árboles frutales de la huerta de mis padres, tratados con los mimos propios de un agricultor comprometido profesionalmente, creciendo y fructificando campaña a campaña. Si a los colaboradores y colaboradoras se les atiende como se merecen, crecerán sanamente y sus frutos serán inmejorables. Pero si son tratados con la punta del pie, no se les presta la atención adecuada, languidecerán por la empresa, potenciando improductividad y mal ambiente (Fuente de la imagen: realización propia).

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