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| Fuente de la imagen: Claves de liderazgo (Velasco, 2009) |
En relación al futuro de las empresas, a algunos de los empresarios, directivos y representantes de instituciones con los que he tenido la oportunidad de convivir profesionalmente, les he comentado que si quieren amasar un proyecto grande[1], éste debe superarles y estar por encima de los personalismos de cualquier tipo. Apple puede tener un problema de esta índole. El súper imaginativo y magnánimo Steve Jobs, fuente inagotable de invención y beneficios de la compañía, esta semana nos ha dejado. Tardíamente me he incorporado como usuario de su tecnología y no puedo decir otras cosa que fantástica, intuitiva, sencilla.
Tal vez, el estar el mercado acostumbrado a los vaivenes del líder, desde que en la década de los ochenta del siglo pasado fue despedido, hasta sus problemas de salud a partir de 2004, augurarían un largo futuro a la empresa. Pero sin Jobs ya nada será igual. Quizás, con suficiente tiempo el líder debería haber propiciado la apertura de Apple a otros espíritus visionarios como garantía de pervivencia del negocio cuando él desapareciera. En todo caso, al concebir a Jobs su molde se quebró. Te dejo una foto de Steve Jobs con otro monstruo, Bill Gates, en una conferencia digital en 2007 (fuente: Wikimedia Commons). Fuente de la imagen: mvc.
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[1] que trascienda después de su cese, de su jubilación o de su muerte.
