viernes, 31 de agosto de 2007

La máscara veneciana

Fuente de la imagen: Raventhorne en pixabay
Comienzo el último día de agosto percibiendo una máscara veneciana, confeccionada en yeso, pintada y cubierta de abalorios, similar a la que aparece en la foto de la izquierda (Wikimedia Commons), aunque sin las plumas que la envuelven, regalo de unos familiares que han viajado este verano hasta la ciudad de los canales. Reconozco la belleza de la pieza, si bien he de apuntar que no me ha atraído mucho el uso de antifaces, caretas y tapujos que, con cualquier pretexto, ocultan las caras de las personas. A veces, en los negocios, podemos pensar que el usar determinada máscara para cada ocasión, nos permitirá tomar las cualidades de la representación del embozo; es decir, una máscara de pastor alemán nos convertirá, o actuaremos, como esa raza de perro, una de águila, como un águila. 

Sin embargo, queriendo o sin querer, con demasiada frecuencia, hay profesionales que se colocan efigies de tiburón, hiena, lobo, alacranes, etc., cuando deberían ponerse una de burro o de gallina, porque la connotación negativa del nombre es lo que son, con todo el respeto a esos animales, porque son “animales” y, por suerte para ellos, no son “personas”. Prefiero la faz limpia, la mirada clara, el porte sereno y las agendas ocultas que todos conservamos, mientras más reducidas o pequeñas, mejor (ver post de capire.info Los fantasmas de la implementación, donde habla de "agendas ocultas"). Fuente de la imagen: Wikimedia Commons. Imagen incorporada con posterioridad; fuente: Raventhorne en pixabay.