miércoles, 18 de diciembre de 2013

Carta a los Reyes Magos

Apenas había redactado unas palabras de la epístola a los Reyes Magos, cuando me preguntó por qué Sus Majestades no ayudaban a los niños con hambre y a las familias desesperadas que salían en la televisión. Le comenté que los Reyes Magos son seres místicos, subjetivos y honorables, emocionales, etéreos e imperceptibles, que provienen de la evocación del encuentro, hace dos miles de años, de tres comprometidos líderes con un niño misericordioso, y que actualmente moran en el corazón de algunos seres humanos, siendo la administración, operatividad y logística de distribución de estos Señores, directamente proporcional al grado de sensibilidad, comprensión, ternura y amor que se perciba alrededor de cada niña o niño que habite en este mundo. Sonreí y me escapé para que no advirtiera mi desfigurada cara. Al rato, la carta seguía igual. Indagué. Me dijo que la había terminado en su mente, por lo que los Reyes Magos ya sabían lo que había escrito. El bebé evoluciona.

Por la noche, un poco menos afligido, pensé en garabatear espiritualmente una carta a los Reyes Magos. Como no tengo abuela, les recordaré que he sido un niño bueno durante toda mi vida y me merezco un regalo ¿Por qué no pedirles que se erradique la pobreza? Lo haré.  ¿Qué digo? Ya está hecho. Ahora, a echar la misiva al buzón.  Relata Charles Kenny  en Business Week, “Why Ending Extreme Poverty Isn't Good Enough”, la “carta a los reyes magos” que esta primavera escribieron los ministros de finanzas de la Tierra: exterminar la pobreza extrema dentro de una generación. Reflexiono sobre si ese anhelo es suficiente. En todo caso, su consecución dependerá, de forma directa y proporcional, del grado de sensibilidad, comprensión, ternura y amor que se perciba alrededor de cada desheredado o desheredada que habite en este egoísta mundo. (Fuente de la imagen: realización propia).

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