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| Fuente de la imagen: Altos de Tamarón Gran Reserva. Sitio vinopost (Velasco, 2024) |
A veces el mundo parece empeñado en recordarnos lo frágiles que somos, con esas noticias que llegan desde Gaza, Irán o el Líbano y que nos dejan el alma un poco más gris y apretada. En días así, busco refugio en las cosas que se han hecho sin prisas, con respeto por la tierra y la vida, como Altos de Tamarón Gran Reserva (Velasco, 2024)[1]. Es un contraste brutal: mientras allá afuera la destrucción es instantánea, este vino ha necesitado que unas cepas de 40 años trabajaran en silencio para dar apenas cuatro o cinco racimos pequeños, concentrando toda la fuerza de la naturaleza en cada uva. Suena el vinilo "Santa y Compaña" (Velasco, 2026)[2], de Delalma, y la voz de Ronnie Romero me guía por ese descenso a los infiernos personales que narra el álbum; trato de digerir la desolación de los conflictos externos. Es una experiencia casi mística; la música se siente como una crónica emocional necesaria para estos tiempos de angustia, una metáfora de la salud mental y de cómo buscamos redención entre tanta sombra. Al final, tanto el vino como el disco me dicen lo mismo: que la paciencia es una forma de resistencia y que sobrevivir a la oscuridad es, en sí mismo, un triunfo que merece ser celebrado.
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| Fuente de la imagen: Santa y Compaña. Sitio musipost (Velasco, 2026) |
Mientras suena ese duelo interpretativo entre Lazarus y El Mirlo, me pierdo en el rojo cereza intenso del vino, que ya muestra esos matices ocres que solamente da el saber esperar. No es un vino para beber con prisas; ha pasado veinticuatro meses en barrica y otros tres años afinándose en botella para llegar a la boca con esa armonía y madurez. Al olerlo, me invade un aroma potente a ciruelas maduras y pimienta negra, con ese toque de especias dulces que me abraza como un bálsamo. Es curioso cómo un trago puede sentirse tan equilibrado y envolvente cuando el mundo se siente tan roto. En boca, este Tempranillo es pura elegancia, recordándome que la verdadera victoria, más que borrar el dolor, es aprender a convivir con las sombras, como expresan las letras de Manuel Seoane. Dicen que marida con carnes rojas o un buen guiso, pero he preferido que acompañe a mis pensamientos críticos sobre la guerra y esta búsqueda de luz entre las sombras que propone el disco. Me quedo con esa sensación de hogar que deja el final del álbum, saboreando el último trago de un vino que, a diferencia de la guerra, entiende que lo mejor de nosotros solamente surge cuando nos damos el tiempo necesario para florecer.
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[1] Velasco-Carretero, M. (2024). Altos de Tamarón Gran Reserva. Sitio vinopost. Visitado el 12/4/2026
[2] Velasco-Carretero, M. (2026). Santa y Compaña. Sitio musipost. Visitado el 12/4/2026.

